Abraham había llegado a un estado de aparente tranquilidad y prosperidad durante todos estos años que habitó en Beerseba, hasta que una mañana como otra cualquiera se dispuso a ofrecer el sacrificio matutino y escucha el llamado de Dios diciéndole que marche a tierra de Moriah y ofrezca en holocausto a su hijo.
La distancia que había que recorrer era de unos 75 km. Hacer este recorrido a pie con el asno, los siervos y su hijo duraría de tres a cuatro días de camino. Tiempo más que suficiente para que Abraham fuera meditando en su interior la “locura” que aparentemente estaba viviendo.
En todo este pasaje lo importante a destacar es la fe, la obediencia y el dilema moral en ambos personajes y de los cuales podemos aprender las ocasiones en las cuales Dios nos sorprende dirigiendo nuestras vidas por caminos que a nosotros nos parecen difíciles de aceptar, por usar un término de fácil comprensión.
Si al leer estas líneas estas siendo probado en algo difícil de entender, tomate un poco de tiempo – y al igual que Abraham usó esos tres días para pensar en lo que estaba viviendo y llegar a la convicción que nos describe Hebreos 11:17-19, – seguro que el Espíritu Santo te dará el conocimiento que necesitas, y si no tienes nada claro, entonces confía en Dios, ya que sus pensamientos sobre ti son siempre buenos como un Padre que te ama con amor eterno.






