La razón humana choca frontalmente contra la fe. En esos momentos oscuros cuando todo parece estar en tu contra, cuando las pruebas y dificultades te asedian, cuando todo te sale al revés, lo lógico para la mentalidad humana incluso del cristiano es dar paso a la duda y la incredulidad. Sin embargo, la Palabra de Dios afirma lo contrario, que para los hijos de Dios estos momentos oscuros son oportunidades para que la fe aumente y se fortalezca. Son esas ocasiones donde la mirada de la fe deja de vernos a nosotros mismos y mira al Dios del cielo y a sus promesas.
La Biblia cuenta que Abraham creyó a Dios para tener un hijo siendo un anciano de casi cien años. Para complicarlo mas, su esposa Sara era estéril y anciana también. Tener un hijo, imposible. Sería un gran milagro. Pero Dios se lo había prometido y Abraham lo CREYÓ. Creyó que el Dios que da vida a los muertos haría el milagro en su cuerpo y en la matriz estéril de Sara.
Al ver sus circunstancias y el imposible su fe no se debilitó ni dudó por incredulidad sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios. Creyó en esperanza contra esperanza, plenamente convencido de que el poder de Dios lo haría. Y su fe le fue contada por justicia.
Dios da vida a los muertos y llama a las cosas que no son como si fuesen. Es el Dios de lo imposible. Lo imposible para los hombres es posible para Dios. Y al fortalecerse en fe, dio gloria a Dios. Aprendamos nosotros a tener una fe de pleno convencimiento y que se fortalezca cada día mas y mas para dar la gloria a Dios.






