Cuando estamos heridos es natural sentirnos acongojados y tristes. Pero esta situación no tenemos que permitir que dure demasiado tiempo.
Si deseas vivir una vida completa, una vida plena, si realmente quieres estar sano, debes seguir adelante con tu vida, aprender de tu pasado lo bueno y lo malo que realizaste y no volver a caer en los mismos errores.
En demasiadas ocasiones y por demasiado tiempo, seguimos recordando las memorias del pasado, anulando el deseo de Dios, de traer sanidad a nuestras vidas, porque cuando estamos a punto de sanar, comenzamos a hablar nuevamente sobre nuestras experiencias dolorosas.
Hermanos, si seguimos hablando de esas experiencias, comenzamos a revivir nuestras heridas, y cuando menos nos lo imaginamos volvemos a sentir las mismas emociones, como si lo estuviéramos viviendo nuevamente.
Y el dolor que se siente, es exactamente igual, que cuando ocurrió, hace seis meses, un año, cinco años, diez años atrás.
El apóstol Pablo nos dejó escrito este precioso texto en la epístola a los Filipenses para que cambiáramos nuestra manera de pensar, ya que el pasado no podemos cambiarlo y el futuro está lleno de incertidumbre y no está en nuestras manos del todo. Nuestro presente es lo que tenemos que vivir día a día y el cambio que operemos en nuestra manera de pensar, puede dar forma al futuro que tenemos por delante.
Rehúsa desenterrar todos esos recuerdos emocionales negativos; que no te hacen ningún bien. De hecho, las emociones negativas que se experimentan tienen el potencial de detener tu progreso personal y espiritual.






