El Señor ha extendido una invitación universal a todos los sedientos a recibir gratuitamente agua, leche y vino. (Isaías 55:1). Agua para saciar la sed, leche para saciar el hambre y vino para alegrar el alma. Todas estas bebidas son una metáfora de la vida nueva que Dios quiere dar a aquellos que reciben y acuden a su llamado. Serán saciados del agua de vida que brota para vida eterna.
Pero la mayoría, incluso algunas veces de manera inconsciente, rechaza esta invitación porque no se ajusta a su manera de pensar o porque no está dispuesta a cumplir las condiciones del Señor, pues un poco mas adelante les dice en Isaías 55:6-8 ”Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.”
Y es que son tan limitados nuestros pensamientos humanos que al ser incapaces de comprender los pensamientos de la infinita mente de Dios, podemos rechazar su ayuda y bendición. Es por eso que Jesús enseñó que para recibir este vino nuevo que alegra el alma es necesario ser un odre nuevo, porque un odre viejo se rompería y el vino se echaría a perder.
El odre es una metáfora que se refiere a estructuras de pensamiento. El odre nuevo es elástico y moldeable, es decir, una manera de pensar abierta a escuchar y recibir corrección, mientras que el odre viejo corresponde a una mentalidad rígida y opuesta al pensamiento distinto y cambio de perspectiva.
Seamos para el Señor como los odres nuevos, dispuestos a recibir de su Palabra, ser corregidos y renovados cada día






