Hoy recordamos que nuestro Señor Jesús resucitó. Aquel domingo unas mujeres vinieron al sepulcro llevando unas especies aromáticas cuando se encontraron la piedra del sepulcro retirada y al entrar no hallaron el cuerpo de Jesús.
Asombradas y perplejas por esto, unos ángeles les dijeron”Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado” Lucas 24:5-6. Estas mujeres fueron los primeros testigos de la resurrección y salieron a anunciarlo.
Nuestro Señor Jesucristo, Siendo en forma de Dios, después de tomar la forma de hombre y ser sometido a una muerte pública atroz y humillante para cargar sobre sí los pecados de los hombres. Al tercer día tal como anunciaban las Escrituras el Señor fue resucitado con un cuerpo glorificado. La muerte no le pudo retener y esto certificó su gran victoria en la cruz sobre la muerte el pecado, validó su identidad como Hijo de Dios, aseguró la salvación para los creyentes y su futura resurrección
La resurrección de Cristo ocupa un lugar principal en la teología cristiana. Es fundamental para nuestra fe. Si Cristo no hubiera resucitado nuestra fe sería como una farsa, nuestro mensaje y predicación inútil, y los creyentes dignos de lástima. Pero como Pablo afirma, Cristo resucitó ciertamente de entre los muertos. Esta resurrección asegura nuestra resurrección futura.
Nosotros los creyentes, fuimos sepultados juntamente con él en el bautismo, Col 2:12, y por tanto en él nos levantaremos y también seremos manifestados con él en gloria. Los creyentes tenemos esperanza de gloria, sabiendo que aunque lleguen a nuestra vida esos “viernes” de gran sufrimiento en su nombre, el domingo de victoria llegará seguramente.






