El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios y tenía una relación estrecha de amor y amistad. Dios le dio autoridad sobre todas las demás criaturas y cosas en la tierra con el fin de crecer, madurar y ser fructífero. Todo estaba a su alcance y podía disfrutarlo, salvo un fruto que le estaba prohibido. Adán comió del fruto prohibido y ese pecado cambió rotundamente el escenario para él y para la humanidad. El pecado les separaba y de Dios y desde entonces trajo el dolor y la maldición a todos los hombres.
Dios a lo largo de los siglos trató de salvar esa enemistad y separación con la humanidad. Escogió a un hombre, Abraham, con el cual hizo un pacto. A su descendencia le dio la ley para seguir teniendo relación. Pero este pueblo infringió la ley continuamente. ¿Cómo podría un Dios Santo relacionarse con una humanidad caída?
Como siempre, Dios tomó la iniciativa y nos amó de tal manera que tomó forma de hombre, Jesucristo, Dios el Hijo, para morir en nuestro lugar, destruir al pecado y otorgarnos gracia para salvación. Al ser declarados justos en su sangre, nuestra relación es plenamente restaurada y tenemos paz para con Dios. Al hombre se le pide solo un requisito para entrar a la gracia, el requisito es la fe.
Fe en la obra de Cristo por nosotros. Una vida nueva de fe, caminando mano a mano con Dios firmes en la gracia. ¿Deseas tú la paz con Dios?






