En la sociedad moderna muchos hijos crecen desatendidos. Hay padres tan ocupados que no encuentran tiempo para sus hijos, y otros que, por irresponsabilidad o falta de discernimiento, permiten que el mundo moldee su carácter, sus valores y su manera de vivir.
Los niños necesitan padres que los amen, afirmen y los guíen con paciencia. Necesitan una voz segura que les señale el camino, hasta que estén preparados para tomar decisiones propias y caminar con responsabilidad.
En Proverbios 4, Salomón deja a sus hijos un consejo que sigue siendo vigente. Comienza pidiéndoles atención para que escuchen sus sabias palabras, las guarden en el corazón y estén dispuestos a recibir corrección. Para prosperar en la vida, es necesario buscar la sabiduría y la inteligencia en todas las cosas, y no basta solo con conocerlas. Hay que ponerlas en práctica. Cuanta más sabiduría se adquiere, mejores decisiones se toman y mayores beneficios se reciben. La sabiduría no es solo conocimiento; es la capacidad de vivir conforme a lo que es recto y bueno.
El camino de la sabiduría es recto. En cambio, quienes rechazan la sabiduría caminan por sendas torcidas y suelen rodearse de amigos que siguen el camino de la impiedad. Es un camino de oscuridad, donde se tropieza una y otra vez sin comprender la causa. La maldad esclaviza, aunque quien la practica piense que es libre. El que persiste en ella avanza hacia la destrucción creyendo que va por buen camino; y si se niega a regresar al camino recto, al final sufrirá sus terribles consecuencias.
Por eso, un padre bueno y sabio aconseja y corrige a sus hijos cuando se desvían. No lo hace por control o autoritarismo, sino por amor. Desea protegerlos y conducirlos hacia la vida porque el camino de la sabiduría es un camino de luz: “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto.” — Proverbios 4:18. En contraste con las tinieblas que conducen a la perdición, la senda de los justos se ilumina cada vez más. Su luz crece conforme avanzamos, hasta alcanzar la plenitud del día.
Caminemos, entonces, por el camino recto. Ese camino es Jesucristo: su Palabra, sus enseñanzas y su ejemplo son el mapa que nos dirige hacia la vida eterna. ¿Quieres ser sabio y caminar por las sendas de la justicia? Examina tu camino. Si en algo te has desviado, endereza tus pasos y sigue a Jesús. Él te conducirá por el buen camino.






