Hoy 24 de Mayo se celebra el domingo de Pentecostés. En sus últimas palabras antes de su ascensión, Jesús ordenó a sus discípulos que se quedasen en Jerusalén y que allí esperasen recibir la promesa del Padre. Antes de partir les dijo: “Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré” Juan 16:7. El Espíritu Santo vendría a ellos y convencería al mundo de pecado, de justicia y de juicio y les guiaría a toda la verdad.
Hechos capítulo 2 relata el evento de Pentecostés. Los discípulos se reunieron en el aposento alto. Estaban sentados juntos y unánimes, de un mismo sentir, cuando de repente vino un fuerte viento que soplaba sobre ellos y que llenó toda la casa. Y aparecieron sobre ellos lenguas como de fuego. Fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas según el Espíritu les daba que hablasen.
El estruendo fue tal que se reunió una multitud de todas las naciones que venían a celebrar la fiesta de las semanas. Y se maravillaban al oír a los discípulos hablar en sus idiomas. Pedro les aclaró que este era el cumplimiento de la profecía del profeta Joel acerca del derramamiento del Espíritu Santo. Después les predicó el evangelio y alrededor de tres mil personas recibieron la palabra y fueron bautizados.
Hoy nosotros también debemos esperar el poder del Espíritu Santo para servir fielmente a nuestro Señor y predicar el evangelio. La promesa del bautismo en el Espíritu Santo es para todos los creyentes y la recibimos un día en fe, pero también diariamente debemos buscar su presencia para permanecer en su llenura.
Señor amado, necesitamos tu llenura. Trae un Pentecostés a nuestras vidas y a nuestra nación. Llena todo lugar donde vayamos con tu Espíritu Santo y haz tu bendita obra.






